Por qué pensamos demasiado y cómo dejar de hacerlo


Los pensamientos vienen y van, pero a veces se repiten una y otra vez en nuestra mente sin llegar a una resolución.

 

La rumiación es el hábito de repetir mentalmente pensamientos estresantes o acontecimientos pasados una y otra vez. A diferencia de la resolución productiva de problemas, se siente como estar atrapado en un «bucle de pensamientos» sin una solución clara. Mientras que la reflexión puede ser útil cuando conduce a una solución, dar vueltas a las cosas es perjudicial porque se centra en la impotencia y en los «qué pasaría si...», lo que solo sirve para aumentar el estrés.

Intentando encontrarle sentido

Las personas suelen rumiar cuando intentan recuperar el control o dar sentido a una situación confusa. Este comportamiento suele estar provocado por una baja autoestima, perfeccionismo o altos niveles de estrés externo. También puede deberse a traumas pasados, un fuerte deseo de validación o trastornos mentales subyacentes, como ansiedad, depresión y TOC.

Este exceso de reflexión constante no solo causa molestias, sino que también perjudica activamente tu salud física y mental. Además, mantiene activa la respuesta al estrés del cuerpo, lo que provoca un aumento del cortisol, agotamiento y tensión física, como hipertensión arterial. Mentalmente, agota la energía necesaria para resolver problemas reales, lo que a menudo desencadena una espiral descendente de negatividad y hábitos de afrontamiento poco saludables.

Detener el bucle

Aquí hay cinco herramientas prácticas que pueden ayudarte a romper el ciclo de rumiación:

  • La regla de los 3 minutos

    • Pon un temporizador y date 3 minutos para preocuparte. Luego pregúntate: «¿Me siento mejor? ¿Esto tiene solución?». Si la respuesta es no, sigue adelante.

  • Actúa

    • Distrae tu mente haciendo otra cosa: da un paseo, limpia una habitación o llama a un amigo.

  • Difusión cognitiva

    • Imagina tus pensamientos como nubes que flotan en el cielo o hojas en un arroyo. Obsérvalos pasar sin aferrarte a ellos.

  • Prepárate para lo peor.

    • Si te preocupa que ocurra un «desastre», escribe exactamente lo que harías si sucediera. Esto te ayudará a pasar del miedo a la planificación.

  • Establecer límites

    • Si te desahogas con tus amigos (co-rumiación), establece un límite de tiempo para que la conversación siga siendo útil en lugar de perjudicial.

Hay ayuda disponible.

Si sientes que tus pensamientos son incontrolables o interfieren en tu vida cotidiana, habla con tu médico. Es posible que te sugiera terapia cognitivo-conductual (TCC). Un profesional puede ayudarte a reestructurar estos patrones de pensamiento y a encontrar formas más saludables de procesar el estrés. Hagas lo que hagas, ten en cuenta que hay ayuda disponible y que puedes recuperar el control de tus pensamientos.


 

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