La conexión silenciosa entre la salud mental y la salud dental (que las madres perciben cada día)
Como madres, somos expertas en fijarnos en todo… excepto, a veces, en lo que nos pasa a nosotras mismas. Nos damos cuenta cuando nuestros hijos están más callados de lo habitual, cuando se les mueve un diente o cuando les cuesta más de lo normal irse a dormir. Pero ¿y la relación entre nuestra salud mental y nuestra salud dental? Eso suele pasar desapercibido.
Durante años, pensé que los dentistas se ocupaban de los dientes y los terapeutas, de los sentimientos. Y punto. Pero la vida —sobre todo la maternidad— está mucho más interrelacionada que eso.
Cuando el estrés se cuela en nuestras vidas (y seamos sinceros, el estrés es prácticamente un huésped permanente), no se limita a habitar en nuestra mente. Se manifiesta en nuestro cuerpo. Apretar la mandíbula. Rechinar los dientes por la noche. Saltarse el uso del hilo dental porque estás agotado cuando por fin todos se han dormido. ¿Te suena?
La ansiedad y la depresión pueden hacer que las rutinas diarias resulten abrumadoras, incluso aquellas que solo llevan unos minutos, como cepillarse los dientes y usar hilo dental. En los días en los que la salud mental nos pasa factura, el cuidado personal suele ser lo primero que dejamos de lado. No porque no nos importe, sino porque estamos agotados. Con el tiempo, eso puede afectar silenciosamente a la salud bucodental, provocando caries, inflamación de las encías o dolor crónico en la mandíbula.
Pero también está la otra cara de la moneda.
Los problemas dentales también pueden afectar a la salud mental de formas sorprendentes. El dolor de muelas tiene la capacidad de acaparar toda nuestra atención y agotar nuestra paciencia. Una sonrisa que te haga sentir cohibido puede llevarte a evitar las fotos, las reuniones sociales o incluso las conversaciones más sencillas. Esa carga emocional se va acumulando, sobre todo para las madres, que ya suelen ponerse a sí mismas en último lugar.
Las hormonas también influyen. El embarazo, los cambios posparto y la perimenopausia pueden aumentar la sensibilidad y la inflamación de las encías. Cuando te duele la boca o te sangra cada vez que te cepillas los dientes, resulta frustrante, y es una preocupación más cuando ya tienes la cabeza llena de cosas.
Entonces, ¿por qué no hablamos más de esto?
Porque las madres somos increíbles a la hora de seguir adelante a toda costa. Damos por normalizado estar cansadas, agobiadas e incómodas. Nos decimos a nosotras mismas: «No pasa nada. Ya me ocuparé de ello más tarde». Pero ese «más tarde» tiene la costumbre de alejarse mucho.
La verdad es que cuidar tu salud mental contribuye a tu salud dental, y cuidar tu salud dental favorece tu bienestar mental. Sentirte seguro de tu sonrisa puede mejorar tu estado de ánimo. Aliviar el dolor puede mejorar el sueño. Establecer pequeñas rutinas fáciles de seguir puede ayudarte a recuperar la sensación de control en épocas de caos.
Una sencilla medida que puedes poner en práctica esta semana
Elige un pequeño hábito que te ayude tanto a cuidar tu salud mental como tu salud dental. Solo uno.
Quizás sea:
Programar un recordatorio nocturno discreto para usar el hilo dental; no tiene por qué ser perfecto, solo hay que hacerlo con constancia.
Respirar tres veces lentamente mientras te cepillas los dientes para aliviar la tensión de la mandíbula.
Pedir cita para esa revisión dental que llevas tanto tiempo posponiendo y recordarte a ti mismo que es un acto de cuidado personal, no una tarea pesada.
Cuidarse no tiene por qué ser algo grandioso ni espectacular. A veces empieza con tu sonrisa… y con darte permiso para cuidarla.
Te lo mereces. 💛
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